Martes, 13 de Diciembre de 2011 12:04

Taxista protestando por impuesto a la bencina. Foto gentileza de grupopublimetro.cl
Hay un personaje chileno inserto en la urbe, a veces no muy bien mirado, pero que parece siempre una salvación, bueno para conversar, con opinión política y amplio conocimiento (supuestamente) de las calles de la ciudad: El taxista.
Últimamente he llegado a pensar que “los taxistas de ahora no son como los de antes", ya sea porque no hablan, porque no conocen bien las calles, o porque no tienen esa chispa del taxista que tanto me gusta (creo que la "chispa" está relacionada a la astucia, picardía y buen humor de estos amantes de la conducción). Pero siempre me toca alguno que reivindica la imagen, llenándome la cabeza de cultura popular, contándome de su familia mientras me coquetea y piropea galantemente y al que sólo tengo que decirle dos nombres de calles para que me lleve exactamente donde quiero y en el menor tiempo posible.
Yo sé que muchos les temen a las tarifas de los taxímetros (aparato que se usa para medir la distancia y el tiempo de acuerdo a una tarifa base), sobre todo los extranjeros, a los que muchas veces han engañado cobrándoles el doble de lo que corresponde. Algunos dicen que las maquinitas están arregladas, mientras que otros derechamente no las encienden y te dicen:"A esta hora la tarifa mínima son $5.000 CLP", aunque uno vaya unas 10 cuadras más allá y en un horario donde con suerte andan perros merodeando. A mí me ha pasado que me han cobrado de más, específicamente una vez que venía del aeropuerto, pero lo único que hice fue poner cara de indignación y pensar en el "karma". Después de todo, así funciona el Universo bajo mi percepción. Para qué pasar malos ratos.
En una oportunidad me tocó un taxista que regalaba dulces. Tenía el diario del día y HARTOS dulces en ese lugar que sirve para poner cualquier cosa chica entre su asiento y el del copiloto. Me dijo que a él le gustaba hacer el viaje más placentero, por eso regalaba dulces y tenía el diario, para que la gente que no tuviera tema pudiera conversar o si no quería conversar, que se entretuviera leyendo. Lo encontré fantástico. Se nota que hacía su trabajo con agrado, un ejemplo que todos deberíamos seguir para andar más contentos por la vida.
Nota: Si lo del Karma no los satisface, siempre anden con un billete más chico, por ejemplo de 5 lucas y dicen con cara de aflicción máxima: "Es que no pensé que iba a ser tan caro, no tengo más".





